CÓMO ES TRABAJAR EN CASA CON MI MARIDO

Tengo suerte. Mi marido, además de un excelente compañero de vida es un excelente socio empresarial.

Para los que no me conozcáis soy Eva, y vengo del mundo empresarial. Estudié empresariales y diseño técnico y gráfico. Trabajé unos años en el sector técnico como proyectista, como infografista y como directora de proyectos de innovación. Más adelante en consultoría privada para una empresa y un centro tecnológico. Y después en tuve mi propia empresa de formación, de diseño y ahora una tecnológica. Y me separé en el transcurso de todo esto.

También me volví a casar con el que ahora es mi socio. Y entre los dos nos juntamos con tres hijos. Uno cada uno de la pareja anterior. Y un bebé en común.

Eso me da experiencia de vida para contar qué funciona y qué fracasa en la empresa y en la vida.

Trabajar con mi marido es una experiencia mayormente placentera. Tiene mucho que ver que también estudió empresariales, e informática. Se encarga de la contabilidad y de los problemas técnicos. ¿Quién no querría vivir con una persona que se encarga de la parte de los marrones? Trimestrales, plugins que no funcionan, intentos de hackeo, cobros, pagos… Yo sí. Estoy encantada.

Yo tengo mucho carácter. Tomo decisiones rápidas y arriesgadas. Mi estilo de dirección es a veces kamikace. Muy en la línea del “lean startup”. La startup es la empresa que se mueve por terreno incierto. Como es incierto no hay modelo. Hay que tomar acciones rápidas y probar el mercado de manera intensiva. Y esto mata la voluntad de un planificador a largo plazo.

Se debe tener una visión a largo plazo. Yo me veo con un buen equipo técnico en un local con salas de usos multiples, tatamis y gente descalza. Quiero llevar lejos mis proyectos pero vivir bien. Pero no puedo planificar a largo en el entorno que me muevo.

Un cambio de algoritmo allá por Enero de 2014, se llevó de un plumazo el 70% de mi negocio. Cambiaron los algoritmos de Facebook y los correos se empezaron a filtrar en carpetas de gmail y hotmail. Me era difícil llegar a los clientes. Y además estaba poco acertado al principio y no teníamos experiencia. Me consta que fue así para mucha gente.

No lo podíamos prever. Y así funciona gran parte de nuestras empresas en Internet. Al final, si eres listo y estás en la compañía de gente adecuada, aprendes. Si no cierras y te deprimes.

Trabajar con mi marido está bien porque cuando tomo decisiones me apoya, y cuando se trata de mi parte del negocio no tengo que convencerlo. No me gusta trabajar con gente que no cree en mi visión, y tengo que convencer. Ralentiza mis procesos y a veces puede llegar a paralizar los proyectos.

De igual modo en su parte de lo que hace apoyo y comento. Pero confío en su criterio plenamente.

En las parejas la gente pasa demasiado tiempo tratando de convencer al otro con cosas.

Cada lunes sacamos un rato para hacer un plan maestro, que consiste en dar respuesta a estos conceptos:

  1. Objetivos que quieres lograr cada uno.
  2. Retos que atravesamos cada uno.
  3. Repasamos si alcanzamos objetivos la semana pasada.
  4. Hacemos “to do” con solo tres objetivos a alcanzar en la siguiente.

Voy tomando nota de cada punto a mano. No invertimos más de 30 minutos.

Luego lo llevo todo a mi Evernotes en una nota que cada semana organizo. Y posteriormente mando los tres objetivos de cada uno al grupo de WhatsApp que tenemos para apuntarnos cosas.

Nuestro grupo de WhatsApp nos ha facilitado más la comunicación que cualquier otra herramienta.

Antes del grupo de WhatsApp discutíamos a menudo porque perdíamos información entre ambos. Y a mi no me gusta discutir. Rehuyo los conflictos. Me desconcentran y me hacen perder energía. Además, no tengo ninguna intención de tener o no razón. Lo único que me importa es sistematizar las cosas de manera que resulte sencillo y eficaz.

Ninguna herramienta sirvió tanto a tal propósito como tener un grupo de WhatsApp en la empresa familiar.

En cuanto a los niños, nos ayudó mi amigo Alfredo, al que adoro. Teníamos el problema de tener que alternar el cuidado de los niños con el trabajo. Al final con él logramos identificar bien el problema y ponernos de acuerdo por adelantado acerca de quien estaría con los niños y cual trabajando.

Ahora tratamos de aprovechar solo las mañanas con los niños en el colegio y guardería y trabajar cada uno veinte horas semanales.

Una de los grandes aciertos fue contratar a María para ayudarnos en la casa. Mi marido se ocupa de las lavadoras y lavavajillas y compras.  Yo me encargo de las comidas, doblar y guardar la ropa y mantener un poco de órden en el salón. Y ella nos mantiene la casa bien. Para nosotros ha sido indispensable.

Actualmente él trabaja muchísimas más horas que yo. Según el bebé va creciendo tengo más horas para dedicar a la empresa. No es sólo cuestión de tiempo disponible. El cansancio de las noches con un bebé y sus necesidades me pasan factura en forma de cansancio.

Estamos sacando mucho trabajo adelante y tenemos dos proyectos grandes entre manos. Es un momento decisivo. Yo trabajo muy bien con él. Siempre le digo que es un compañero para vivir y para trabajar excelente. Su buen carácter y su espíritu optimista son fundamentales.

Tengo amigas casadas con personas pesimistas y lo llevan fatal.

Yo a veces me pongo tremendista. Pero es cuestión de mi cansancio. Por eso trato al menos de llevar una vida acorde a mi edad. Eso es fundamental. Buena comida y buen descanso. Horarios coherentes a mi nuevo estado. Y mucho autocuidado. Algo de ejercicio, aunque este último mes ha estado imposible. Al menos mantener una vida activa de paseos y bici.

Y amor, mucho amor y comprensión para los picos de trabajo.

Eva González Mariscal

Codirectora de Induscomp y El Curso Rosa. Bloguera en Mamá Convergente.

Vivo junto a mi marido y nuestros tres hijos en total, en un pueblo cerca de Sevilla. Vivo de mi trabajo en Internet desde 2011. Me gusta el diseño, el interiorismo, la cocina y la artesanía. Mi carrera profesional está integramente dedicada a los negocios en Internet junto a mi esposo Alfonso Sánchez.